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martes, 22 de mayo de 2012
Cafe
Esto que escribiré a continuación no es algo que halla escrito yo, simplemente es un escrito que encontré en la calle en un papel en el suelo y me gusto tanto que quiero compartirlo con ustedes:
Sentado a esta pequeña mesa de un bar cualquiera, de cualquier ciudad, de un país cualquiera, de un planeta perdido en la infinitud de una galaxia de dimensiones desconocida, frente a una taza con el café que ya he pagado con mi propio dinero. Yo se que durante este instante de desganada calma, en muchos sitios, de muchos pueblos, de muchos países de este planeta perdido, traicionado, brotan en ahogados borbotones de volcanes desesperados estertores de niños que son vendidos, violados, carcomidos por el sida, la viruela, el hambre, masacrados, descuartizados por las luchas estúpidas, con ideas estúpidas que no contabilizan la sangre a la hora de brindar por sus estúpidas victorias. Yo se que hay sabios que predican impunemente la inocencia de la Física y serpentean por los túneles mas tenebrosos de los logaritmos, para crear exquisitos teclados que sofistican las muertes y las amputaciones. Yo se que, en ves del trigo, falsos labriegos siniestros profanan los surcos y los canales sembrando minas que separan del sudor honrado las cosechas, para llevar el llanto en vez del pan y las vacunas a la choza de barro ante la cual -yo lo se- hay niños desnudos de vientres hinchados, repleto de lombrices , que miran sin ser vistos y lloran sin ser consolados, sin conciencia de que por sus ojos se derrama la angustia absoluta empujada por la injusticia total, mientras este planeta perdido, traicionado,gira sin sentido ni meta, y no falta a la cita del día el sol ni a la de noche la luna, como si nada ocurriera en esta galaxia inhumana y cómplice. Yo adivino también la sala versallesca de muelles y sillones barrocos que se conservan las huellas veneradas de reverenciados culos reales, mitológicos tapices flamencos con Dianas asaetadas por Cupidos desnudos, y cárdenas alfombradas impolutas, donde generales de botones dorados, que lucen escudos de su patria cobarde, y banqueros con corbatas de alfileres con diamantes de sangre, y mercaderes hinchados de gula, e hipócritas políticos e repugnante sonrisa complaciente, celebran con whisky y galletitas la operación sobre un país del que nadie ya se acuerda y que no defendería ya nadie, cuyas venas escondidas afloraran radiantes a muy bajo costo a gracias a mil manos esclavizadas por las bayonetas mientras yo, descaradamente sentado a una pequeña mesa, de un bar cualquiera, de cualquier ciudad tomo a sorbos el café, que descaradamente he pagado con dinero de mi bolsillo, mirando hacia los laberintos de la gomorra que es esta ciudad cualquiera, de cualquier país, de un planeta asqueante que camina, con indiferencia absoluta, hacia ninguna parte
Domingo Lima Dominguez
La Orotava, 2012
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